En una sociedad en la cual la idea de éxito personal se encuentra asociada a logros inmediatos, en una cultura cuya filosofía del éxito a veces nos obliga a dejar a un lado nuestra esencia, nuestra autenticidad, es necesario reflexionar sobre el concepto de integridad individual y su consecuencia en nuestras vidas.
En muchas oportunidades las metas que visualizamos responden más a una demanda y presión social que a nuestros propios deseos genuinos, buscan satisfacer deseos que poco tienen que ver con quienes verdaderamente somos, responden a una fuerte presión del medio externo, ante lo cual respondemos llevando a cabo acciones que van en contrasentido a nuestra integridad individual.
Entendiendo a la integridad como la coherencia entre lo que pensamos, lo que decimos, lo que hacemos y lo que sentimos, muchas veces resulta difícil responder a ella y se opta por un camino más corto y rápido en el diseño de nuestros objetivos.
Esta idea de integridad se suele percibir como un desafío poco atractivo e inalcanzable, en consecuencia, se claudica en el intento cediendo ante el esfuerzo, los obstáculos y las frustraciones que se presentan, eligiendo en consecuencia el rumbo más cercano y fácil de alcanzar, el de la satisfacción inmediata y superficial.
De lo que no somos consciente al tomar esta elección no solo es de nuestra incoherencia personal, sino también del conflicto y la gran contradicción interna que esta incoherencia ocasiona. A partir del momento en que decidimos elegir caminos que nos alejan de nuestra autenticidad y nuestros valores más profundos estamos traicionando a ese ¨yo¨ que subyace en lo profundo de nuestro mundo interno; nuestro ser individual.
Cuando no somos honestos con nosotros mismos se va conformando una ruptura interna en lo profundo de nuestro ser, un conflicto existencial que nos va llevando hacia un destino de una vida sin sentido y vacío. En un principio creemos ilusoriamente que los éxitos y logros alcanzados son lo que necesitábamos para llegar a tocar la tan ansiada felicidad; pero sin embargo continúa en lo profundo de nuestro ser aquel vacío difícil de explicar.
En contrasentido cuando hablamos de objetivos visualizados desde una mayor coherencia interna, desde nuestra mayor originalidad, estos se convierten en logros más sustanciosos y satisfactorios, se convierten en logros que realmente contribuyen a una mayor plenitud individual.
Iniciar un camino de integridad significa no solo escucharnos íntimamente, también significa honrar y respetar a nuestro ser original, a aquel mundo de ideas, creencias y valores que nos constituyen como seres únicos. Lanzarnos con coraje en un camino de honestidad con nosotros mismos indefectiblemente nos conducirá a resultados que nos conectarán con una vida más plena y próspera.
La integridad entonces se convierte en nuestra guía hacia objetivos más sólidos y más claros, en sintonía con nuestros profundos deseos, aquellos que se conectarán con logros verdaderos. A partir de aquí el éxito se convierte en una realidad, en algo tangible más allá de los clichés y frases hechas.
Te invito a intentarlo, te propongo despertar tu coraje para alcanzar un verdadero bienestar, aquel que fluye desde una genuina integridad.