De la misma manera cómo funcionan las alarmas así se comportan nuestras emociones. Cada una de ellas aparece para anunciarnos algo más profundo que está sucediendo en nosotros.  Al momento de hacerse presente una emoción se encuentra detrás un mensaje imperceptible y ajeno a nuestra consciencia. Toda emoción intenta ¨hablarnos¨ de alguna manera mostrándonos que más allá de nuestra interpretación sobre una situación vivida existe una voz, un lenguaje interno que busca expresarse.

Generalmente cuando se trata de emociones no agradables creemos que el problema justamente es la emoción, en consecuencia, intentamos combatirla, hacerla desaparecer, enfocamos nuestra atención en lo manifiesto, en lo que percibimos, por ejemplo, al hablar de una emoción básica muy recurrente como el miedo lo primero que intentamos hacer luego de percibirlo es evadirlo y ocultarlo no permitiendo que se exprese, al hacerlo no somos conscientes que detrás de él se esconde un mensaje muy valioso.

Lo que el miedo intenta expresar en todo caso es que la situación amenazante es mayor y desproporcionada en relación a los recursos y medios que poseemos para hacerle frente.

El miedo entonces surge a partir de la creencia de que el afuera nos puede, que aquello amenazante es más fuerte que nosotros. La dimensión y la magnitud de la amenaza estará determinada entonces por nuestro lenguaje interno, por la interpretación y el juicio de valor sobre nuestras capacidades y recursos.

En este sentido si enfocamos nuestra atención en el miedo mismo y consideramos que el problema se encuentra en él, estaremos ocultando este verdadero mensaje que detrás de la emoción existe.

Se encuentra a disposición la sabiduría que nos entregan los diferentes estados emocionales. Desarrollando un aprendizaje sobre nosotros y aquello que las emociones intentan transmitir podremos crear las herramientas necesarias para actuar en consecuencia y en coherencia con esta valiosa información.

El lenguaje propio entendido como nuestro mundo de ideas, lo que nos decimos y la manera que miramos el mundo, toma una primordial importancia al momento de interpretar y darle significado a nuestras emociones emergentes.

Desde la disciplina del coaching ontológico hablamos del lenguaje como generativo, somos seres lingüísticos y a través del mismo creamos nuestra realidad. Lo que nos decimos es muy importante para conformar nuestra interpretación de la realidad y en consecuencia propiciar un mundo emocional que contribuya al logro de nuestros objetivos y bienestar personal.

Desde lo que decimos y pensamos podemos generar un lenguaje saludable que nos ayude a resolver nuestros desafíos cotidianos. Observando y aprendiendo sobre lo que las emociones hablan podremos transformar nuestra realidad hacia el logro de nuestros objetivos y un mayor bienestar personal.