Nos preguntamos muchas veces porqué nuestros resultados no son los que buscamos; porqué nuestras relaciones fracasan una y otra vez, por qué no logramos nuestros objetivos profesionales, por qué no obtenemos aquello que tanto deseamos, y así nos pasamos la vida preguntándonos más por nuestros resultados que por la raíz que los genera, muy pocas veces enfocamos la atención en aquello que da vida a nuestras acciones y repercute en nuestros logros; hablamos de aquello que motiva nuestro hacer, hablamos de nuestro lenguaje.
Desde el coaching ontológico se considera sumamente importante el poder que el lenguaje tiene sobre nuestra interpretación de la realidad. Es desde nuestras palabras, desde lo que nos decimos que conformamos y creamos nuestro mundo. Es así que, a través del sentido que le damos a la realidad, a través de nuestros juicios que formulamos a partir de esa interpretación del mundo definimos y generamos permanentemente diferentes caminos que van conformando nuestro futuro. Son nuestros juicios personales que segundo a segundo van modelando los diferentes momentos y determinando el logro o el fracaso de nuestros objetivos.
Nuestro lenguaje entonces, entendiendo al lenguaje como lo que hablamos y nuestro mundo de ideas, cobra un vital protagonismo sobre la calidad de nuestra vida ya que el mismo habilita la posibilidad humana de crear diferentes rumbos en nuestra existencia.
El lenguaje es acción afirma Rafael Echeverría; uno de los creadores del coaching ontológico, el lenguaje y lo que nos decimos no es inocente. De la mano de las acciones, en forma consciente y no consciente se torna muy poderoso en el diseño de nuestra vida. Las acciones junto al lenguaje constituyen un gran equipo que habilita la posibilidad de expandir nuestros horizontes.
Podemos contemplar al menos a dos maneras a través del cual nuestro lenguaje se manifiesta y condiciona nuestras acciones, hablamos de las conversaciones públicas y privadas, las conversaciones que entablamos con nosotros mismos y la que llevamos a cabo con los demás.
A través de nuestras conversaciones privadas, lo que nos decimos, vamos diseñando nuestro mundo interior; nuestros diálogos internos van sembrando en nosotros una manera única y particular de mirar la vida. Dependiendo de los pensamientos que se manifiestan a través de nuestro lenguaje determinaremos la calidad de los lentes a través de los que observamos la realidad.
Cabe preguntarnos entonces como son nuestros pensamientos, que nos decimos a nosotros mismos día a día ante los diferentes matices de la realidad, ante cada desafío y deseo que se nos presenta. Es necesario ante esta dinámica de conducta aprender a registrar la sutileza de nuestro lenguaje, permanentemente estamos emitiendo juicios imperceptibles, muchas veces y otras no tanto nos acercan o nos alejan de lo que podríamos llamar un mayor bienestar personal.
Es importante no olvidar a nuestras conversaciones con otros; es a través de ellas que determinaremos como son nuestras relaciones interpersonales. Nuestro lenguaje interno, nuestras conversaciones privadas y el filtro que estas crean y a través del cual vemos nuestra realidad será determinante al momento de conectarnos con los demás.
El secreto para transitar un camino de mayor disfrute y bienestar, necesariamente es la habilidad para ser conscientes de nuestro lenguaje, de nuestras conversaciones. Sabiendo que ellas son sumamente poderosas en el diseño de nuestra realidad.