María madre de Carolina no entiende porqué la relación entre ellas es tan conflictiva, prácticamente es imposible entablar un diálogo sin la presencia de una discusión durante la conversación. María se encuentra además de angustiada, impotente ante los diferentes caminos que ha intentado tomar para lograr armonía entre ellas. Durante una de tantas discusiones cotidianas Carolina dijo algo que representó en María un shock, dejándola atónita e inmóvil; las palabras de Carolina en tono muy elevado y fueron solo estas, ¨pero mamá!! Lo que sucede es que no me miras¨ María no entendía lo que estaba diciendo, mientras Carolina terminaba de completar su frase con las siguientes palabras, ¨necesito que me mires, estas solo preocupada por tu vida y no tomas conciencia de lo que verdaderamente estoy necesitando, mi corazón te lo pide a gritos!!¨ . De repente el silencio invadió la sala . . . María había recibido un balde de agua fría que significó un gran aprendizaje que cambiaría la relación para siempre.

Hoy día, vivimos en mundo acosado por diferentes estímulos externos que nos distraen y alejan de un genuino contacto con el otro. Sin analizar con mayor profundidad en esta oportunidad, me surge la necesidad de mencionar al uso exacerbado de la tecnología como medio de comunicación, como uno de estos factores que atentan contra el encuentro y la interconexión en nuestras relaciones inter personales. La permanente presencia de elementos distractores externos van conformando en nosotros un desinterés que nos aleja del encuentro con los demás. Nos encontramos sin ser conscientes de ello en un comportamiento que se caracteriza más por la desconexión, la alineación y el individualismo.

Todo encuentro conversacional se produce a través de lo que se denomina el círculo bidireccional de la escucha. No puede ser posible un diálogo si no existe un emisor (quien emite el mensaje), un interlocutor (quien recibe el mensaje) y acciones que se producen entre ambos que van determinando la calidad y las características de esa conversación. El resultado de una buena comunicación depende de la habilidad para fluir dentro de este círculo primordial conversacional. Como vamos observando la comunicación es más amplia que el solo emitir palabras como loros.

A su vez, es importante saber que existe una enorme diferencia entre escuchar y oír. Como afirma Rafael Echeverría la diferencia entre una buena escucha efectiva y el solo acto de oír radica en que al escuchar estamos poniendo en el encuentro con los demás algo sumamente importante que hace a la diferencia; la predisposición desde nuestros sentidos y el interés genuino en conectar con el mundo personal de nuestro interlocutor para recibir el mensaje que proviene más allá de sus palabras emitidas, hablamos de la intención que se encuentra en su mundo interno, lo que Echeverría denomina ¨su inquietud¨.

Entonces, como hemos visto no sólo bastan las palabras y la presencia física en nuestros encuentros interpersonales, es necesario y sumamente importante preguntarnos en el mientras, como se encuentran en nosotros la predisposición, la atención y el deseo genuino de conectar con nuestro interlocutor.

Observa, encuéntrate verdaderamente atento y presente, en el aquí y ahora,  en el momento de estar con los demás y percibirás que tus conversaciones se convertirán en encuentros más auténticos de mayor disfrute dando origen a relaciones más saludables y prósperas.