Se observan rostros con la mirada perdida, quizás producto de la desesperanza, se escuchan comentarios por lo bajo, quejas que manifiestan la disconformidad cotidiana, un espacio de trabajo desatendido que no brinda las condiciones para un desempeño laboral adecuado. Esta descripción corresponde a muchos espacios laborales. Hoy día, aún con todo el avance que existe en el estudio de las dinámicas organizacionales y la manera de optimizar su funcionamiento, se sigue observando una gran materia pendiente en lo que respecta a la gestión y cuidado de los ambientes laborales.

Desde una mirada en perspectiva podemos observar que todo equipo de trabajo funciona como un sistema que posee su propia identidad y características como tal. Es así que en la observación del contexto nos daremos cuenta que el sistema ¨vive¨ y se comporta de una determinada manera, dependiendo de diferentes variables internas.

Una de estas variables es fundamental y determina en mayor medida la vida de dicho sistema, hablo de la cultura del equipo. La cultura está relacionada con la particular forma de ser que ha adoptado el equipo a lo largo del tiempo, son los valores y creencias que el equipo posee determinando la particular manera de ser del mismo; la cultura se va conformando producto de las dinámicas propias de funcionamiento, en este sentido los integrantes como piezas constitutivas del sistema la van co – creando dando origen así a su propia identidad.

Haciendo referencia al ejemplo descripto en el inicio, comúnmente se observa en las diferentes organizaciones climas laborales hostiles donde reina la resignación, la apatía y el desgano como patrones de comportamientos predominantes. A su vez generalmente se asocian a otros síntomas disfuncionales como una comunicación deficiente, baja productividad y desmotivación en los miembros.

Lo particular y sorprendente que sucede desde una mirada sistémica es la ceguera perceptiva en que los integrantes se encuentran luego de un período de tiempo dentro del equipo. Luego de adoptar los valores como tales e incorporarlos dentro de la organización, luego de que los miembros se habituaron al comportamiento del sistema, no son conscientes de la dinámica tóxica y disfuncional que se encuentra presente. A partir de esta ceguera es que los integrantes sin ser conscientes de ello se sumergen en un ambiente desfavorable y perjudicial no solo para el equipo sino también para cada uno como seres individuales. Esta toxicidad también se adopta personalmente y se integra repercutiendo negativamente en la vida de las personas que forman parte del sistema.

Ante esta realidad se necesitan líderes comprometidos con una comprensión, conocimiento y perspectiva diferente, que sean capaces de acompañar a los equipos y a las organizaciones hacia objetivos y metas saludables a través de una mirada sistémica y contemplativa para el mayor bienestar de todos los integrantes. Así mismo a través de un proceso de coaching es posible llevar a la luz aquellas dinámicas perjudiciales que hacen a la cultura y repercuten negativamente en la consecución de los objetivos visualizados. El coaching y su metodología acompaña al equipo hacia un aprendizaje sobre sí mismo, desarrollando el autoconocimiento, permitiendo que pueda visualizar nuevas posibilidades de acción.